Si permites fisuras en tu vida espiritual, empiezas a perder tu batalla. Una virtud que se relaja, se abandona fácilmente y ocasiona una tremenda grieta en lo espiritual. La oración confiada, los deberes de cada y el caracter, se lesionan y aparece la anorexia interior. La vida espiritual se transforma en un fruto sin savia, sin sabor, que al final se cae del árbol y se pudre en la tierra.
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